jueves, 15 de diciembre de 2011

Capítulo 1


La lluvia se fundía en la noche, repiqueteando el suelo, como un ruido más en aquella tensa escena. Él, magullado por todas partes, molesto por el pelo que le ocultaba el rostro y se interponía en su campo de visión. Su enemigo, de la misma manera que él, sujetando su arma casi a punto de desfallecer.
Evan finalmente gruñó y se abalanzó sobre su oponente, logrando tumbarle finalmente de un golpe. Sólo escuchaba ahora el sonido de aquella lluvia imperceptible minutos antes.
La noche y los edificios que habían sido su campo de batalla desaparecieron, devolviéndole a la habitación azulada de realidad virtual. Dejó su arma, una guitarra eléctrica negra que era utilizada como arma penetrante y contundente,  apoyada en el suelo, y se limpió el sudor de la frente, volviéndose a apartar el cabello negro de la cara. A veces era un problema tener el pelo tan largo.
Se echó la guitarra a la espalda, tras haber desconectado el cableado que le permitía usarla en el campo de entrenamiento virtual, y apagó la sala, caminando por el pasillo hasta el ascensor. Pulsó el botón con el número ‘50’ y espero el trayecto hasta el piso donde estaban las habitaciones.

Evan era un chico de veinte años, normal y corriente. Le gustaba el rock y la comida rápida y estudiaba en la universidad, hasta que todo cambió. Un día, en medio de un concierto con su grupo, un tipo muy raro con una gabardina de cuero, como la que él ahora mismo vestía, le empezó a contar una historia poco creíble. Evan lo ignoró, se rió de él, pero aquel tipo no se lo tomó muy bien, y ahí estaba, caminando por un pasillo de una especie de fortaleza futurista donde iba a luchar contra unos bichos muy raros.
“Nuestra organización ha tenido unas cuantas bajas. Traidores. Y hemos decidido traer gente nueva a nuestras filas y entrenarlas para que ocupen su lugar. Tú eres uno de ellos”, recordó Evan las palabras de aquel llamado Xemnas, su superior. Ya había llegado a su habitación, una sala enorme, con una terraza que ocupaba una de las paredes entera y una mullida cama. Había una enredadera de rosas negras petrificada en la barandilla, lo cual no le daba muy buen rollo. Dejó su arma encima de la cama y se metió al baño, para darse una ducha.
Pese a que su vida había cambiado de una manera inesperada, Evan sentía como había algo que no encajaba. Estaba siendo entrenado para luchar contra algo que ni siquiera conocía. Pero lo más extraño era que desde que había llegado, una pesadilla lo acosaba noche tras noche. Vagaba en una oscuridad absoluta, como un océano nocturno en calma, hasta que encontraba una pequeña luz a punto de apagarse. Era una mancha borrosa con un tenue resplandor magenta, que se desvanecía sin poder saber de qué se trataba, ya que se despertaba antes de distinguirlo. Sólo escuchaba una voz, como la de una chica, pidiéndole que la salvara. Era todo demasiado bizarro.
Salió de la ducha y cogió otra camiseta y otros pantalones, los mismos que había vestido antes, pero limpios. Echó la ropa sucia por un conducto y se secó el pelo con una toalla, cuando vio resplandecer algo entre su almohada. Se acercó, extrañado, y rebuscó bajo ella, encontrando un colgante. Tenía la forma de los símbolos de aquellas criaturas de la oscuridad, de color rosa y negro. Estaba cálido y tenía una cadenita, como si se le hubiera caído a alguien. Lo sostuvo entre sus manos. ¿Qué debía hacer con él? Se encogió de hombros y se lo colgó, escondiéndolo bajo sus ropas. No quería que el resto de los miembros hicieran chistes acerca de él si lo veían con un colgante de ese tipo.
Tomó la guitarra y la hizo desaparecer, como le habían enseñado a hacer. Ya la invocaría de nuevo si tuviera problemas. Caminó hacia el ascensor y pulsó el botón que le llevaba hasta la sala de reuniones.

Los miembros originales ocupaban su asiento a varios metros del suelo, mientras que los aprendices se quedaban en el suelo circular, esperando órdenes de su Superior. Esta vez, era él solo el que había acudido a la reunión.  Xemnas lo miraba desde arriba, esperando a que el murmullo de sus miembros se silenciara.
—Bueno, Evan, veo que has seguido entrenando arduamente. Te vendrá bien para tu próxima misión. Tienes que encargarte de aniquilar a todos los sincorazones que pululan por nuestras calles.
—¿Para eso necesitáis a un aprendiz? Joder, me siento un becario.
—Algunas cosas no cambian de un mundo para otro —dijo Xemnas, riéndose por aquel comentario—. No subestimes el poder de los sincorazones, puedes acabar muy mal parado si no tienes cuidado.
—Comprendo. Vamos, que tendré que sacar la basura, ¿no? —terminó Evan, arqueando una ceja.
—Sí, tendrás que sacarla —Xemnas notaba que el chaval, a pesar de ser demasiado descarado, tenía una gran fuerza interna y mucho carácter. Por ello podía permitirse el lujo de hablar así, otro miembro más débil hubiera sido neutralizado por una falta de respeto como aquella.
—Pan comido, entonces —Evan se largó por donde había venido, sintiendo como aquel colgante le pesaba más de lo normal. Sacudió la cabeza, quitándose de encima aquel pensamiento. Unas cuantas criaturas. ¿Y que vendría luego…?
¿Volvería a casa algún día…?

No hay comentarios:

Publicar un comentario